Libros como pájaros

Revista Nueva, Domingo 3 de junio de 2007 Por Agustina Tanoira


Con una estética que combina lo plástico con lo literario, la artista Anahí Roitman fue invitada a realizar una instalación en la última Feria del Libro.
Si hay algo constante en su obra, es que en ella siempre se produce el encuentro entre lo visual y la palabra escrita. Tal vez porque la suya es una pasión compartida. Pintura y literatura, literatura y pintura. Eso explica su interés por la escritura, la investigación de caligrafías e idiomas como un hecho plástico. “De una forma o de otra, la letra, las palabras o los textos siempre aparecen en mi obra”, confirma Anahí Roitman, artista porteña de nacimiento y cordobesa por adopción. Este vínculo inquebrantable que tan bien describió el crítico Guillermo Whitelow (“La importancia de los libros como clave omnipresente alcanza variaciones sutiles. […]. Un temor al vacío que la artista conjura esgrimiendo sus íconos preferidos: libros tratados como seres vivos, manos como improntas, dispersas hojas de libros en consonancia con las que esparce la naturaleza, abanicos airosamente desplegados, cintas que se desordenan armoniosamente.”), tuvo su consagración en la 33º edición de la Feria del Libro. Allí, desplegados y elevándose como pájaros en vuelo, su instalación en el Pabellón Rojo, fue la estrella de la muestra. Bandada, así su nombre, estuvo compuesta por 20 libros-pájaro que aspiraban a transmitir la sensación de libertad y creatividad que las obras literarias proponen al lector. “Fue mi primer obra aérea de grandes dimensiones, una metáfora de la libertad generada por la lectura”, recuerda. “Fueron muchos meses de trabajo intenso que disfruté enormemente, no sólo por el desarrollo de la pintura en sí, 80 paneles de 1 m por 1 m, sino además por el desafío que implicaba hacer volar estos libros-pájaro”, cuenta. “Que estas aves literarias flotaran en el espacio como esos mundos suspendidos que aparecen como un símbolo de la libertad en cada libro”, agrega. El título de la instalación también es un homenaje a la diversidad, al pensamiento plural, a la posibilidad de múltiples miradas e interpretaciones.

El arte como juego


Entre sus obras, las grandes telas se mezclan con instalaciones, para las que se vale de sus objetos cotidianos, como lápices y pinceles, que forman figuras tridimensionales. También hay cajas de madera que, al abrirse, descubren mundos imaginarios de recortes y palabras. “El arte puede señalar nuevos rumbos, indicar otros caminos a recorrer, paralelos a la realidad que nos rodea, a nuestra circunstancia de cada día. Para ello, yo intento dejar huellas, ciertos rastros en mi pintura, a veces imperceptibles, con los cuales el espectador podrá armar su propia interpretación y sumarse a la obra”, invita. Afirma que no tiene referentes, pero sí hay artistas que admira como Mimmo Palladino, Francesco Clemente, Jean Michael Basquiat, Elena del Rivero, Guillermo Kuitca, entre otros. Pero lo suyo es muy distinto. Es un trabajo minucioso y cuidado de palabras y recortes que forman figuras sutiles, etéreas y que invitan a participar en una especie de juego, el de la creación, el de la vida. Así palabras y frases que despiertan su asombro van componiendo imágenes oníricas. Como el juego de una niña. Tal el nombre de la muestra: Lúdico. Con una tonada suave y una sonrisa luminosa, Roitman estuvo en un viaje relámpago para la puesta y presentación. Y para confirmar, una vez más, que, para ella, el arte es puro placer. Desde que empezó a pintar en la adolescencia y se dio cuenta de que su camino estaba vinculado fuertemente al arte; desde que se anotó en el taller de Ernesto Farina, y también cuando estudió arquitectura. Con exposiciones en Brasil, Suiza, Inglaterra y Holanda en su haber, actualmente sigue refugiándose en su taller todos los días, su “otro mundo”, desde donde se aventura en nuevas búsquedas y mágicos descubrimientos. “necesito hacerlo para sentirme plena”, confiesa. “La creación tiene relación directa con la intensidad de vivir”, confiesa. “Y lo más extraordinario es no saber a donde conduce el inicio de una obra, sé cuando la comienzo, nunca se cómo ni cuándo la terminaré… simplemente me dejo llevar, sin demasiada premeditación, con mucha libertad”