Anahí Roitman: pintura fértil

Muestra Individual Galería IS. Barcelona. España. Revista Bonart, Catalunya, diciembre 2006 Por Mireia Guillaumes


De la pintura de Anahí Roitman se podría decir que tiene carácter onírico, que mezcla simbolismos diversos a los cuales dota de significados nuevos, que constituye una buena planimetría del inconsciente o que supone una sinfonía de referencias personales. Pero probablemente lo que cabe destacar en su obra es esa sensación de estar ante piezas que dejan explosionar referencias íntimas para tratarlas después con un pincel inquisitivo que sólo deja entrever un primer contacto con el mundo interior, sin revelar las bases.
Con todo, lo más importante es que no se puede negar que el resultado consigue transmitir multitud de resonancias, ópticas reveladoras y una cosmogonía personal inquietante a la vez que engrandecida en significados, simplemente por el mero contacto entre símbolos y texturas. Por eso se diría que la pintura de Anahí no deja nunca de ser fértil en el fondo y en la forma. Las huellas dejadas en el soporte no son fruto del azar sino que constituyen el producto directo de una firme vocación de confrontación entre significante y cambio. Entonces, y posteriormente, están las grafías, que acaban de conformar la rítmica del cuadro, el orden de los elementos que aparecen, para hacerlo crecer, como si cualquiera tuviese la posibilidad no sólo de un acercamiento al cuadro, sino de múltiples relecturas.